Si sólo de palabras se tratase, si hubiese suficientes, yo me expresaría con total tranquilidad.
El problema es que a veces faltan las palabras cuando de expresar emociones se trata y mucho más aún si son tan dispares que ni tú mismo aciertas a entender qué es lo que te está pasando.
De ahí mis días de exilio, de tranquilidad, hablar poco, pensar mucho y sentir como si de la última vez se tratara. Unos días para estar conmigo y entenderme un poco mejor, así quizá pronto pueda escribir qué le pasa a esta cabeza mía.
Después, quizá, os cuente si mayo se ha portado bien conmigo, si me ha dejado terminar con todos los proyectos que tengo entre manos; si me ha dejado cumplir todas y cada una de las cosas que conforman una lista de lo que tengo que hacer en Praga todavía. Si estás...si no estás... mi mente quiere vacaciones, desconectar... el corazón no la deja, qué pesado, dice que te necesita.
Ante todo me digo cada día: tranquilidad. No quiero caer en eso de quien mucho abarca poco aprieta, pero sin duda quiero que me dé tiempo a todo.
Oigo la voz de mi padre en mi cabeza: organízate María, organízate.
martes, 7 de mayo de 2013
jueves, 2 de mayo de 2013
Oda a mis jueves.
Uno más, sólo uno más. En octubre parecía lioso, parecía mentira. Hacía frío, recuerdo que ya le dediqué unas líneas a aquellas salidas de clase, cuando era de noche, todo estaba encendido y por supuesto, siempre animado, Praga nunca duerme. Los encuentros en el tranvía, el cansancio y la vuelta a casa después de muchas horas.
Hoy vuelvo a escribirle a la misma causa, y le escribo hoy como anticipo a las emociones del jueves que viene, a todo lo que sentiré, aunque aún no lo sepa con total certeza.
Cuando salgo ahora de clase queda un buen rato para que se haga de noche; hay música, baile, gente de todos los lugares que te puedas imaginar, sol y flores. Cuando salgo ahora de clase no vuelvo tan cansada, me puede más la alegría que trae la primavera.
Ahora simplemente me parece increíble pensar que el jueves que viene cuando salga de ese edificio, todo habrá acabado. Volveré a él, no lo dudo, pero jamás será en las mismas condiciones: literatura, inglés en la Unión Europea, literatura. Enamorarme un poco de mi profesor de británica y vuelta a empezar. Mis compañeros, que siempre han dedicado una sonrisa a esa chica española, casi intrusa que compartía las horas con ellos. Mis profesores, con su buen nivel y al mismo tiempo su cercanía y su confianza (algo de lo que algunos deberían tomar nota). No volveré a dejar la habitación tempranito para volver casi a la hora de cenar y lo peor es que este final de curso no es sólo uno más marchándose como tal, es el último semestre, la carrera acaba, acaba en una universidad a la que no he de volver (al menos en condición de alumna) y en una de las ciudades más bonitas que se pueden encontrar.
Hoy y siempre, mi cariño a los jueves; por si el ataque quedeprisapasaeltiempo de la semana que viene no me deja escribir.
Hoy vuelvo a escribirle a la misma causa, y le escribo hoy como anticipo a las emociones del jueves que viene, a todo lo que sentiré, aunque aún no lo sepa con total certeza.
Cuando salgo ahora de clase queda un buen rato para que se haga de noche; hay música, baile, gente de todos los lugares que te puedas imaginar, sol y flores. Cuando salgo ahora de clase no vuelvo tan cansada, me puede más la alegría que trae la primavera.
Ahora simplemente me parece increíble pensar que el jueves que viene cuando salga de ese edificio, todo habrá acabado. Volveré a él, no lo dudo, pero jamás será en las mismas condiciones: literatura, inglés en la Unión Europea, literatura. Enamorarme un poco de mi profesor de británica y vuelta a empezar. Mis compañeros, que siempre han dedicado una sonrisa a esa chica española, casi intrusa que compartía las horas con ellos. Mis profesores, con su buen nivel y al mismo tiempo su cercanía y su confianza (algo de lo que algunos deberían tomar nota). No volveré a dejar la habitación tempranito para volver casi a la hora de cenar y lo peor es que este final de curso no es sólo uno más marchándose como tal, es el último semestre, la carrera acaba, acaba en una universidad a la que no he de volver (al menos en condición de alumna) y en una de las ciudades más bonitas que se pueden encontrar.
Hoy y siempre, mi cariño a los jueves; por si el ataque quedeprisapasaeltiempo de la semana que viene no me deja escribir.
domingo, 28 de abril de 2013
El vino, el chocolate y la ropa mojada por el suelo.
Gran tormenta la de esta noche, noche de película. Ha durado poco celebrar que aquí hacía temperatura de 25 grados y sol mientras en mi tierra llovía (quien se ríe del mal vecino, el suyo viene de camino). Y aun así hoy estoy de celebración porque (creo) he vencido mi pánico a las tormentas, ¿Cómo? Estando debajo de una, sin más remedio que ver los relámpagos y oír los truenos, lloviendo como si se hubiera roto el cielo... creo que cuando me he resignado a ver los metros y metros de camino que quedaban hasta llegar a casa (esto pasa por vivir a las afueras) me he resignado a reírme, a disfrutar de cómo caía la lluvia, a liberarme y a escuchar a mi amiga diciéndome que no tuviera miedo, que la madre naturaleza nos quería, porque somos jóvenes y aún tenemos que tener hijos (convincente cuanto menos).
Y ahora que he llegado con la compra, he colgado la ropa mojada, he encendido la vela, he puesto a punto el chocolate y el vaso de vino a ver si me viene la inspiración divina para trabajar, reflexiono sobre estos dos últimos días:
Kasia lo encontró anoche. Después de tirarnos en el césped a dar un repaso bajo el sol (ahora ausente de nuevo) a nuestras vidas, a su forma de esperar el príncipe azul y a mi forma de llevar tanto tiempo esperando que me planteo el abandono, salió a disfrutar de una noche de amigos que ha acabado en tenerla sentada delante de mí, mirada perdida y sonrisa permanente. Yo, desde la alegría de haber llevado razón diciéndole que aprovechara sus oportunidades y que cuando él llegara lo sabría, me he parado a pensar en mi parte de la conversación de ayer y ambas nos hemos reído diciendo que la próxima vez tendríamos cuidado con nuestras palabras, pues parece ser que hay alguien ahí arriba tomándonos muy enserio. Tanto he pensado hoy, que ahora me gustaría que estuvieras aquí secándote conmigo; ésa es mi película y como todo puede pasar en las películas, así me permito creerlo.
Y ahora que he llegado con la compra, he colgado la ropa mojada, he encendido la vela, he puesto a punto el chocolate y el vaso de vino a ver si me viene la inspiración divina para trabajar, reflexiono sobre estos dos últimos días:
Kasia lo encontró anoche. Después de tirarnos en el césped a dar un repaso bajo el sol (ahora ausente de nuevo) a nuestras vidas, a su forma de esperar el príncipe azul y a mi forma de llevar tanto tiempo esperando que me planteo el abandono, salió a disfrutar de una noche de amigos que ha acabado en tenerla sentada delante de mí, mirada perdida y sonrisa permanente. Yo, desde la alegría de haber llevado razón diciéndole que aprovechara sus oportunidades y que cuando él llegara lo sabría, me he parado a pensar en mi parte de la conversación de ayer y ambas nos hemos reído diciendo que la próxima vez tendríamos cuidado con nuestras palabras, pues parece ser que hay alguien ahí arriba tomándonos muy enserio. Tanto he pensado hoy, que ahora me gustaría que estuvieras aquí secándote conmigo; ésa es mi película y como todo puede pasar en las películas, así me permito creerlo.
viernes, 26 de abril de 2013
Palabras de otros.
...Saramago dijo algo hermoso. Dijo que hoy por hoy existen dos superpotencias en el mundo; una es Estados Unidos: la otra eres tú.
"...Y ahora tú, mi amor, pequeña gran superpotencia, despiértame y dime que las cosas van a marchar bien, que sembrarás de flores toda la ciudad, que me harás temblar, y ahora ven mi amor salgamos a la calle bien temprano para gritar que nuestro nombre nunca deberán cortar las manos que sembraron, que dieron calor...".
Ismael Serrano
Dice Kasia que desea que todo acabe bien, que tengo la opción de esperar, que seas mi fantasma, desaparecer o dar el golpe en la mesa para hacer las cosas bien. Yo le he dicho a ella que disfrute de esta etapa de su vida, que cuando llegue el que compartirá con ella cada día, habrá hecho lo mismo. Creo que ambas nos hemos sorprendido con la facilidad de los consejos ajenos y la dificultad de la aplicación personal de todas esas cosas. Una experiencia más.
En cualquier caso, la margarita ha dicho Sí.
"...Y ahora tú, mi amor, pequeña gran superpotencia, despiértame y dime que las cosas van a marchar bien, que sembrarás de flores toda la ciudad, que me harás temblar, y ahora ven mi amor salgamos a la calle bien temprano para gritar que nuestro nombre nunca deberán cortar las manos que sembraron, que dieron calor...".
Ismael Serrano
Dice Kasia que desea que todo acabe bien, que tengo la opción de esperar, que seas mi fantasma, desaparecer o dar el golpe en la mesa para hacer las cosas bien. Yo le he dicho a ella que disfrute de esta etapa de su vida, que cuando llegue el que compartirá con ella cada día, habrá hecho lo mismo. Creo que ambas nos hemos sorprendido con la facilidad de los consejos ajenos y la dificultad de la aplicación personal de todas esas cosas. Una experiencia más.
En cualquier caso, la margarita ha dicho Sí.
jueves, 25 de abril de 2013
Conversaciones de balcón.
Esta noche me veo a mi misma unos cuantos meses atrás, por no especificar mucho, sentada en una piedra fría, apoyando el brazo en una barandilla negra, estudiándome las fachadas, mirando la calle extenderse. Esa situación me gustaba porque creaba diálogos en mi cabeza en los que te tenía al otro lado, escuchándome con los ojos brillantes, con la media sonrisa de ganador. En esas conversaciones te decía cosas que quizá por temor, no te había dicho cuando de verdad te había tenido delante. Dejaría que me diera el aire de las alturas en la cara, aprovechándome de la buena temperatura que hay a veces en las noches de primavera.
Hoy te diría muchas cosas porque últimamente poco me callo, por esas cosas que pasan al que intenta pasar por la vida sin hacer ruido. Hoy, como otras veces, te hablaría de cómo me siento, de esa capacidad tan tuya y solamente tuya de medirme, de entenderme, de hacerme ver las cosas. Creo que incluso no me importaría que me dieras una buena dosis de aquello que no quiero escuchar, pues lo que más deseaba al final de aquellos intercambios y lo que más me apetece esta noche es lo mismo: que me abraces.
Hoy te diría muchas cosas porque últimamente poco me callo, por esas cosas que pasan al que intenta pasar por la vida sin hacer ruido. Hoy, como otras veces, te hablaría de cómo me siento, de esa capacidad tan tuya y solamente tuya de medirme, de entenderme, de hacerme ver las cosas. Creo que incluso no me importaría que me dieras una buena dosis de aquello que no quiero escuchar, pues lo que más deseaba al final de aquellos intercambios y lo que más me apetece esta noche es lo mismo: que me abraces.
martes, 23 de abril de 2013
Mil calles llevan hacia ti.
Siempre creí en aquello de que nuestra mente es un pequeño imperio; creo también que dentro de ese imperio hay calles por las que paseamos cuando tenemos tiempo y corremos cuando tenemos prisa, que dentro de esas calles hay embajadas que se ocupan de todas y cada una de nuestras inquietudes.
Últimamente también creo que construimos callejones sin salida. Creo que vagamos de un lado para otro preguntándonos en qué momento llegamos hasta allí, cuando lo que deberíamos preguntarnos es cómo salir...y no nos importa. Y cuando llega el momento de apagar las luces y no podemos ver lo que tenemos delante nos lo imaginamos sin más...para que después vuelva a salir el sol y se nos pase el tiempo entre la realidad y la idealización, ambas tan perfectamente sabidas de memoria.
Yo me he dado un ultimátum. Le he declarado la guerra al imperio y voy a empezar a demoler los edificios, porque ya me di cuenta de que en tu mente, yo soy sólo ese escaparate donde te paras a mirar lo que nunca vas a comprar, antes de seguir andando.
Últimamente también creo que construimos callejones sin salida. Creo que vagamos de un lado para otro preguntándonos en qué momento llegamos hasta allí, cuando lo que deberíamos preguntarnos es cómo salir...y no nos importa. Y cuando llega el momento de apagar las luces y no podemos ver lo que tenemos delante nos lo imaginamos sin más...para que después vuelva a salir el sol y se nos pase el tiempo entre la realidad y la idealización, ambas tan perfectamente sabidas de memoria.
Yo me he dado un ultimátum. Le he declarado la guerra al imperio y voy a empezar a demoler los edificios, porque ya me di cuenta de que en tu mente, yo soy sólo ese escaparate donde te paras a mirar lo que nunca vas a comprar, antes de seguir andando.
lunes, 22 de abril de 2013
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