Hoy pediría un abrazo reparador. Un abrazo para desquitarme de la fuerza que sale de mí cuando alguien a quien quiero pierde la suya. La fuerza que impulsa a dejar el descanso y unirme a la batalla; ese movimiento imperceptible del corazón que aunque agotado, se aferra a la vida, al suave movimiento de los pulmones, al oxígeno, a la ilusión que ahora es un recuerdo. La fuerza de las tardes que parecen perdidas, los anocheceres sin ganas, la falta de sueño. Tener sueño y tener sueños, la importancia de un plural. Una ese que de caerse arrastraría con ella los proyectos por cumplir, el empeño y los pasos que a pesar de ser pequeños perfilan un sendero de bienestar futuro. La decisión, la claridad de ideas... perderían su sentido de no ser por la fuerza, pequeña fuerza, que pinta, una S en nuestras vidas.
Una S plural. Una S de SIGUE.
Hoy pediría un abrazo reparador, y dejaría caer todo lo que siento, a cambio de sentirme pequeñita por un momento.
lunes, 5 de agosto de 2013
sábado, 3 de agosto de 2013
Palabras de Otros IV
Cuando sepas de mí, tú disimula. No les cuentes que me conociste, ni que estuvimos juntos, no les expliques lo que yo fui para ti, ni lo que habríamos sido de no ser por los dos. Primero, porque jamás te creerían. Pensarán que exageras, que se te fue la mano con la medicación, que nada ni nadie pudo haber sido tan verdad ni tan cierto. Te tomarán por loca, se reirán de tu pena y te empujarán a seguir, que es la forma que tienen los demás de hacernos olvidar.
Cuando sepas de mí, tú calla y sonríe, jamás preguntes qué tal. Si me fue mal, ya se ocuparán de que te llegue. Y con todo lujo de detalles. Ya verás. Poco a poco, irán naufragando restos de mi historia contra la orilla de tu nueva vida, pedazos de recuerdos varados en la única playa del mundo sobre la que ya nunca más saldrá el sol. Y si me fue bien, tampoco tardarás mucho en enterarte, no te preocupes. Intentarán ensombrecer tu alegría echando mis supuestos éxitos como alcohol para tus heridas, y no dudarán en arrojártelo a quemarropa. Pero de nuevo te vendrá todo como a destiempo, inconexo y mal.
Qué sabrán ellos de tu alegría. Yo, que la he tenido entre mis manos y que la pude tutear como quien tutea a la felicidad, quizás. Pero ellos… nah.
A lo que iba.
Nadie puede imaginar lo que sentirás cuando sepas de mí. Nadie puede ni debe, hazme caso. Sentirás el dolor de esa ecuación que creímos resuelta, por ser incapaz de despejarla hasta el final. Sentirás el incordio de esa pregunta que jamás supo cerrar su signo de interrogación. Sentirás un qué hubiera pasado si. Y sobre todo, sentirás que algo entre nosotros continuó creciendo incluso cuando nos separamos. Un algo tan grande como el vacío que dejamos al volver a ser dos. Un algo tan pequeño como el espacio que un sí le acaba siempre cediendo a un no.
Pero tú aguanta. Resiste. Hazte el favor. Háznoslo a los dos. Que no se te note. Que nadie descubra esos ojos tuyos subrayados con agua y sal.
Eso sí, cuando sepas de mí, intenta no dar portazo a mis recuerdos. Piensa que llevarán días, meses o puede que incluso años vagando y mendigando por ahí, abrazándose a cualquier excusa para poder pronunciarse, a la espera de que alguien los acogiese, los escuchase y les diese calor. Son aquellos recuerdos que fabricamos juntos, con las mismas manos con las que construimos un futuro que jamás fue, son esas anécdotas estúpidas que sólo nos hacen gracia a ti y a mí, escritas en un idioma que ya nadie practica, otra lengua muerta a manos de un paladar exquisito.
Dales cobijo. Préstales algo, cualquier cosa, aunque sólo sea tu atención.
Porque si algún día sabes de mí, eso significará muchas cosas. La primera, que por mucho que lo intenté, no me pude ir tan lejos de ti como yo quería. La segunda, que por mucho que lo deseaste, tú tampoco pudiste quedarte tan cerca de donde alguna vez fuimos feliz. Sí, feliz. La tercera, que tu mundo y el mío siguen con pronóstico estable dentro de la gravedad. Y la cuarta, -por hacer la lista finita-, que cualquier resta es en realidad una suma disfrazada de cero, una vuelta a cualquier sitio menos al lugar del que se partió.
Nada de todo esto debería turbar ni alterar tu existencia el día que sepas de mí. Nada de todo esto debería dejarte mal. Piensa que tú y yo pudimos con todo. Piensa que todo se pudo y todo se tuvo, hasta el final.
A partir de ahora, tú tranquila, que yo estaré bien. Me conformo con que algún día sepas de mí, me conformo con que alguien vuelva a morderte de alegría, me basta con saber que algún día mi nombre volverá a rozar tus oídos y a entornar tus labios. Esos que ahora abres ante cualquiera que cuente cosas sobre mí.
Por eso, cuando sepas de mí, no seas tonta y disimula.
Haz ver que me olvidas.
Y me acabarás olvidando.
De verdad.
(Risto Mejide)
Cuando sepas de mí, tú calla y sonríe, jamás preguntes qué tal. Si me fue mal, ya se ocuparán de que te llegue. Y con todo lujo de detalles. Ya verás. Poco a poco, irán naufragando restos de mi historia contra la orilla de tu nueva vida, pedazos de recuerdos varados en la única playa del mundo sobre la que ya nunca más saldrá el sol. Y si me fue bien, tampoco tardarás mucho en enterarte, no te preocupes. Intentarán ensombrecer tu alegría echando mis supuestos éxitos como alcohol para tus heridas, y no dudarán en arrojártelo a quemarropa. Pero de nuevo te vendrá todo como a destiempo, inconexo y mal.
Qué sabrán ellos de tu alegría. Yo, que la he tenido entre mis manos y que la pude tutear como quien tutea a la felicidad, quizás. Pero ellos… nah.
A lo que iba.
Nadie puede imaginar lo que sentirás cuando sepas de mí. Nadie puede ni debe, hazme caso. Sentirás el dolor de esa ecuación que creímos resuelta, por ser incapaz de despejarla hasta el final. Sentirás el incordio de esa pregunta que jamás supo cerrar su signo de interrogación. Sentirás un qué hubiera pasado si. Y sobre todo, sentirás que algo entre nosotros continuó creciendo incluso cuando nos separamos. Un algo tan grande como el vacío que dejamos al volver a ser dos. Un algo tan pequeño como el espacio que un sí le acaba siempre cediendo a un no.
Pero tú aguanta. Resiste. Hazte el favor. Háznoslo a los dos. Que no se te note. Que nadie descubra esos ojos tuyos subrayados con agua y sal.
Eso sí, cuando sepas de mí, intenta no dar portazo a mis recuerdos. Piensa que llevarán días, meses o puede que incluso años vagando y mendigando por ahí, abrazándose a cualquier excusa para poder pronunciarse, a la espera de que alguien los acogiese, los escuchase y les diese calor. Son aquellos recuerdos que fabricamos juntos, con las mismas manos con las que construimos un futuro que jamás fue, son esas anécdotas estúpidas que sólo nos hacen gracia a ti y a mí, escritas en un idioma que ya nadie practica, otra lengua muerta a manos de un paladar exquisito.
Dales cobijo. Préstales algo, cualquier cosa, aunque sólo sea tu atención.
Porque si algún día sabes de mí, eso significará muchas cosas. La primera, que por mucho que lo intenté, no me pude ir tan lejos de ti como yo quería. La segunda, que por mucho que lo deseaste, tú tampoco pudiste quedarte tan cerca de donde alguna vez fuimos feliz. Sí, feliz. La tercera, que tu mundo y el mío siguen con pronóstico estable dentro de la gravedad. Y la cuarta, -por hacer la lista finita-, que cualquier resta es en realidad una suma disfrazada de cero, una vuelta a cualquier sitio menos al lugar del que se partió.
Nada de todo esto debería turbar ni alterar tu existencia el día que sepas de mí. Nada de todo esto debería dejarte mal. Piensa que tú y yo pudimos con todo. Piensa que todo se pudo y todo se tuvo, hasta el final.
A partir de ahora, tú tranquila, que yo estaré bien. Me conformo con que algún día sepas de mí, me conformo con que alguien vuelva a morderte de alegría, me basta con saber que algún día mi nombre volverá a rozar tus oídos y a entornar tus labios. Esos que ahora abres ante cualquiera que cuente cosas sobre mí.
Por eso, cuando sepas de mí, no seas tonta y disimula.
Haz ver que me olvidas.
Y me acabarás olvidando.
De verdad.
(Risto Mejide)
miércoles, 31 de julio de 2013
Visita a Madrid
Madrid, nuestra capital.
Esa ciudad tan bonita a veces infravalorada por parte de unos manchegos que por creerla cercana no se paran a descubrirla en profundidad. Creo que haré visitas algo más asiduas a Madrid próximamente, simplemente, porque perderme sola entre sus calles y paisajes, en su Retiro y mi retiro, me ha traído recuerdos de la vida que Praga me enseñó: la vida del autodescubrimiento. En ella aprendí que estar perdido sin un mal mapa en la mano hace valorar mucho más las llegadas.
Hoy estoy contenta porque Madrid me ha devuelto a mí.
Hoy estoy contenta porque Madrid ilumina los ojos de alguien indispensable; alguien que subido al escenario, consigue demostrar una y mil veces que los sueños, se pueden cumplir.
Sólo hay una cosa que no te perdono, Madrid: que tú también me lo recuerdes ...
Esa ciudad tan bonita a veces infravalorada por parte de unos manchegos que por creerla cercana no se paran a descubrirla en profundidad. Creo que haré visitas algo más asiduas a Madrid próximamente, simplemente, porque perderme sola entre sus calles y paisajes, en su Retiro y mi retiro, me ha traído recuerdos de la vida que Praga me enseñó: la vida del autodescubrimiento. En ella aprendí que estar perdido sin un mal mapa en la mano hace valorar mucho más las llegadas.
Hoy estoy contenta porque Madrid me ha devuelto a mí.
Hoy estoy contenta porque Madrid ilumina los ojos de alguien indispensable; alguien que subido al escenario, consigue demostrar una y mil veces que los sueños, se pueden cumplir.
Sólo hay una cosa que no te perdono, Madrid: que tú también me lo recuerdes ...
domingo, 28 de julio de 2013
Fantastic Shine
Hoy por hoy cuento con la desgracia de no ser feliz
en el sitio que toda persona lleva siempre en el corazón no importa dónde o
cómo se encuentre: su propia casa. Diversas circunstancias provocan en mí un
desasosiego que me lleva a pretender la huida: quizá porque los eventos me
agrian el carácter, quizá por la infinita tristeza que conlleva ver a los
pilares de tu vida destrozando el mejor episodio de las suyas. Sea como sea,
hoy pienso en la frase “Los amigos son la familia que nosotros elegimos” y
asiento involuntariamente al saberme rodeada de personas sin cuya sonrisa todo
este cuento llamado vida carecería de sentido. Y es por eso que, a pesar de mis
ganas de irme, a pesar de la necesidad de un resquicio de luz en un túnel que
empieza a ser algo tedioso y difícil, y sobre todo a pesar de que el cuerpo me
pida marcharme y vivir sola, no me olvido de ninguno de ellos.
Ni de ti.
miércoles, 10 de julio de 2013
A mis Yos
Hoy recuerdo, no sin
cierta añoranza, a una niña que conocí. Recuerdo su timidez, sus gafas y su
risa, pero sobre todo recuerdo que a la temprana edad de nueve años se propuso
firmemente convertirse en una “profe” de inglés.
Muchos y variados años
han pasado desde entonces. De poder volver al pasado, esa niña no creería las
historias que hoy podría contarle sobre cómo iba a cambiar su vida, cómo con el
paso del tiempo, al igual que al resto, la vida la posicionaría en una serie de
valores y principios que harían de ella un proyecto de persona de provecho.
Creo también, sin ninguna duda, que el mejor consejo que podría darle hoy es
que no creciera, aunque eso es tan imposible como volver a ver a esa niña:
porque no se puede volver atrás, porque esa niña soy yo, y porque ya han pasado
muchos años.
Ayer me sorprendí
releyendo un texto que databa de 2009 en el que escribí: Los recuerdos son tan inalcanzables como algunos de nuestros sueños.
No pude evitar sobrecogerme al recordar la pasión y la fuerza que movían
aquellos escritos, ahora impresos y guardados en un cajón, con la misión de
traer recuerdos cuando el cuerpo pida una dosis gratuita de nostalgia. No pude
evitar sonreír y pensar que muy poco ha cambiado desde entonces.
Y ahora, en esta precisa
tarde, he recordado a la niña que creció, vivió y llegó hasta el
momento presente. A la chica de 2009, que desarrolló el gusto por la escritura
con una pasión algo ilícita. He recordado los sueños, ahora más que nunca, a
unas horas de poder ser lo que más he querido ser en la vida: una filóloga.
Ambición y corazón se mezclan para provocar algo muy bonito: que ellas no hayan
desaparecido. Que llenen esta etapa, con una simplicidad de vida que echaba de
menos. De momento no necesito más.
lunes, 8 de julio de 2013
jueves, 4 de julio de 2013
Vis a Vis
Para dejar por escrito que no voy a abandonar...
y ponerle sangre al grito, de los que aman sin poder amar.
y ponerle sangre al grito, de los que aman sin poder amar.
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